En el clásico balcánico del Súper 4, Serbia derrotó a Croacia

Serbia vs Croacia

Foto: Ligate una Foto

 

(*) Por Guillermo Panero

 

El tiempo es una unidad de medida que, justamente, es difícil de medir. Años, meses, días y horas sólo son una forma matemática de dimensionar algo que en realidad tiene muchas aristas: hay veces que el tiempo parece no corresponderse con el que marcan los fríos números del calendario. Eso genera que, en ocasiones, haya situaciones que, aunque acontecieron a la vuelta de la esquina, calan tan hondo que parecen tener un trasfondo mucho mayor. Un buen ejemplo de este tipo de situaciones es la rivalidad entre Serbia y Croacia, ya que el enfrentamiento entre los países balcánicos es tan grande que parecen haber pasado muchísimos años desde su inicio. Pero no es así: la situación actual sólo es un minúsculo fragmento dentro de una historia que durante mucho tiempo los llevó por senderos similares.

SRB-CROTodo este relato no tendría razón de ser en esta web si no fuera por el pedazo de evento que tuvimos los cordobeses en nuestra tierra en estos días. Entre tantos partidos memorables que disfrutamos en el Orfeo en este Súper 4, nos dimos el verdadero lujo de tener un clásico del básquet europeo: Serbia-Croacia. El duelo balcánico que se dio en tierras cordobesas es una rivalidad importante que, si bien no tiene su origen en el básquet, se ha trasladado a este deporte. Una suerte de Argentina-Inglaterra, que tiene su punto neurálgico en la guerra de Malvinas, pero nunca deja de ser especial cuando se baten en un partido de fútbol.

Entre 1960 y 1990, la selección de básquet de Yugoslavia fue una de las mayores potencias a nivel mundial. Durante esos treinta años, conquistó cinco medallas en Juegos Olímpicos (incluido un oro en 1980), y ocho podios en Mundiales (tres primeros puestos). La mayoría de los jugadores que conformaban esas históricas selecciones yugoslavas siempre provenían de Serbia y Croacia. Cuando la nación madre se disolvió, esa superpotencia se disgregó en muchas otras, pero los más fuertes siguieron siendo los serbios y los croatas. Inclusive, se generó una rivalidad muy fuerte entre estas dos selecciones, a causa de conflictos bélicos que poco tienen que ver con el deporte. Por suerte, hubo deportistas que supieron sobrellevar esta rivalidad: Vlade Divac (serbio) y Drazen Petrovic (croata, cuyo hermano Aleksandar es el actual entrenador de la selección), monstruos de la historia del básquet, supieron ser mejores amigos pese a su distinta nacionalidad. El documental «Una vez hermanos», de ESPN, relata esta historia. Inclusive, hay quienes dicen que, si Yugoslavia no se hubiera disuelto, hubiera sido capaz de hacerle frente (con Divac y Petrovic a la cabeza) al histórico Dream Team de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, considerado por muchos como la mejor selección de la historia.

CRO-SRBCasualmente, el último mundial de básquet que la selección de Yugoslavia disputó con sus figuras serbias y croatas fue en Argentina. Ese equipo (que contaba con los mencionados Petrovic y Divac como figuras) se consagró campeón de punta a punta, batiendo con claridad en la final a Unión Soviética, que había pasado por Córdoba en la primera fase. Veintiséis años después, Argentina volvió a recibir a los monstruos de Croacia y Serbia. Esta vez, el escenario no fue el Luna Park de Buenos Aires, sino nuestro Orfeo. Sólo que ahora los balcánicos no perseguían un mismo objetivo codo a codo, sino que se enfrentaron buscando derrotarse mutuamente.

Ese duelo entre potencias que se desarrolló en el Orfeo pintaba para ser parejo, y no defraudó. Hasta el minuto final el ganador no estuvo definido, ya que ambas selecciones disputaron uno de los duelos más luchados del Súper 4: de punta a punta, croatas y serbios se alternaron supremacía en el marcador, sin un dominante claro. Sólo al final Serbia pudo escaparse y vencer a Croacia 86-77, con 17 puntos del gigantón Raduljica y 13 de Bogdan Bogdanovic. En los croatas estuvo el goleador del juego: Bojan Bogdanovic, que anotó 18 unidades.

Así como Petrovic y Divac eran líderes de la Yugoslavia del ’90, el que probablemente lo sería hoy si croatas y serbios se fusionaran sería Milos Teodosic. El base serbio, lamentablemente, no pudo jugar el partido por una lesión en su dedo, que sufrió en un choque ante Facundo Campazzo el pasado sábado. Además, los croatas tampoco presentaron a Mario Hezonja, una de sus figuras. La ausencia de los dos cracks balcánicos indudablemente le quitó brillo al choque, que no por eso dejó de ser atrapante. Es que como no va a serlo un partido que tiene entre sus participantes a, por ejemplo, Krunoslav Simon, que metió tres bombas seguidas en el segundo cuarto y rompió la paridad que hasta entonces había existido, luego de un primer período ajustado. Con uno de esos triples, el escolta puso la máxima de ocho para Croacia, que parecía escaparse en el marcador.

Pero eso no ocurrió: en un ratito, Serbia recortó y se mantuvo cerca en el marcador. Inclusive, en el tercer cuarto lo dio vuelta, aunque no se pudo escapar de los croatas. El zarpazo final fue en el cierre del último período, con una bomba de Jovic desde mitad de cancha que puso el marcador inalcanzable para Croacia. Ese bombazo espectacular fue similar a uno de los cientos de triples parecidos que Drazen Petrovic, el histórico jugador de la ex Yugoslavia, anotó en su carrera. Petrovic (ya fallecido) era croata, y Jovic es serbio. Hoy, los que celebraron el triple del escolta fueron sólo los últimos. Pero, hace no tantos años, ese bombazo hubiera unido en un abrazo a los hinchas de ambas selecciones.

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