Beatles 1

 

(*) Por Gabriel Rosenbaun

 

Dentro de un tiempo, acaso diez o quince años, este momento se transformará en mito. Y como todo mito, se ensanchará y se reescribirá una y otra vez. Aparecerán decenas de miles de espectadores memoriosos y, como siempre, aquellos que no estuvieron y que, aun así, asegurarán haber vivido todo. Pero aún no hay mito. Todo está por ocurrir.

La dimensión de los días por vivir puede percibirse fácilmente. Está por ocurrir algo único, irrepetible, casi hipnótico: entre el viernes y el lunes próximo, el Orfeo Superdomo cordobés será el escenario en el cual algunos integrantes de la Generación Dorada –tres de los pioneros, quizá el núcleo duro- jugarán por última vez en suelo argentino con la camiseta albiceleste.

ManuDespués de la escala en “la Docta”, la ilusión volará hacia Río de Janeiro, para los cuartos Juegos Olímpicos consecutivos con un equipo que corrió los límites de lo –deportivamente- imposible, con un subtítulo mundial (Indianápolis 2002), un oro y un bronce (Atenas 2004 y Beijing 2008, respectivamente) y una identidad y un sello que no caben en ningún molde ni se terminan en esos títulos y en esas gestas con sabor a hazaña.

Con un Mundial a tres años de distancia (China 2019), suena casi inverosímil que volvamos a disfrutar en estas tierras de todos estos monstruos que le dieron forma –tallando con talento, pero mucho más con esfuerzo e inteligencia táctica de orfebre- al que muchos consideran el mejor equipo de la historia del deporte argentino.

Desde el Premundial de Neuquén 2001, en tiempos en los cuales llegar a la NBA era un alunizaje que recién comenzábamos a experimentar, hasta este julio de expectativa olímpica, cuando “Manu” Ginóbili acaba de firmar su contrato para jugar su 15ª temporada con los Spurs y Nicolás Brussino selló su acuerdo por tres años con Dallas Mavericks, la Selección Argentina fue agigantando su leyenda. La leyenda del primer equipo en voltear a un Dream Team constituido por jugadores NBA. No una, sino dos veces. Lo tiró a la lona, lo hizo tambalear y le dio el golpe de nocaut dos años más tarde.

 

"Chapu", el corazón alocado de un equipo que hizo historia
«Chapu», el corazón alocado de un equipo que hizo historia (Foto: Prensa CABB)

 

En el Mundial de Indianápolis 2002 fue a domicilio, con una piña de dimensión eterna, que cambió el mapa del básquet mundial. Ya no había imposibles: acababa de caer el equipo creado e imaginado para ser invencible. Luego, en Atenas 2004, llegó la majestuosa obra de la victoria en semifinales olímpicas, en los únicos Juegos en los cuales los estadounidenses no se colgaron la medalla dorada desde que, en Barcelona ’92, abrieron las puertas a sus jugadores profesionales, con la ambición de ser, para siempre, los reyes absolutos del planeta basquetbolero.

LuifaY será aquí, en Córdoba, donde suenen los acordes de algunos de los viejos y emblemáticos músicos de esa orquesta que dejará su legado imborrable: Manu, Luifa, Chapu y Carlitos, cuatro rockstars clásicos que podrían prescindir de sus apellidos. Cuando esa supresión no daña el sentido final, y todos entendemos de qué o quiénes estamos hablando, aquellos hombres –o mujeres- están arraigados en el imaginario popular.

Aunque nadie lo piense como una gira de despedida, y menos aun cuando los Juegos Olímpicos están cerquita, para Córdoba hay un mito pronto a crearse. Tendrá, claro, la multitud enfervorizada: el baño popular y masivo que toda composición destinada a la leyenda necesita. Nueve mil personas de todo el país –que con el correr de los años serán miles más, como en esos recitales épicos o fundacionales- confluirán en cada noche en el Orfeo, en un Súper 4 que, por la dimensión de las figuras propias y extranjeras, para Córdoba estará inclusive más arriba que el Mundial 1990, en el Pabellón Verde de la vieja FICO.

Será un desfile de modelos de alta costura que vendrán a la casa del único campeón olímpico de los últimos 20 años que no se llama Estados Unidos. Por unos días, la zona de la Estación Rodríguez del Busto tendrá una «densidad demográfica NBA» (o Euroliga, qué más da) muy superior a la de cualquier otro sitio del planeta. Croacia llega con estrellas del talento Bojan Bogdanovic, Dario Saric y Mario Hezonja. Claro: la lista de fenómenos croatas podría continuar. Serbia es la colosal selección de Milos Teodosic, Nikola Jokic y el DT Sasha Djordevic. Una joya serbia tras otra. Y Francia, el equipazo de Tony Parker, Nicolas Batum, Boris Diaw y Nando De Colo. Pero no sólo eso: los galos tiene sobredosis de calidad en tantos jugadores más.

 

Carlitos, que no jugaba desde Londres 2012, volvió a la Selección (Foto: Prensa CABB)
Carlitos, que no jugaba desde Londres 2012, volvió a la Selección (Foto: Prensa CABB)

 

Dentro de un tiempo, acaso diez o quince años, este momento que estamos por vivir se transformará en mito para el deporte argentino. Las fotos quedarán para siempre y las imágenes tal vez queden hechas tesoro en un documental. Pero será lo vivido en cada noche en el Orfeo –cada fragmento guardado en la memoria- lo que agigantará un recuerdo épico de los Beatles de musculosa celeste y blanca. Sabíamos que no iba a durar para siempre. Y fuimos tan felices. Todavía no sucedió, aunque no cuesta demasiado encontrar –mientras se te eriza la piel y un latigazo frío te recorre el cuerpo- una frase que calce tan perfecta como la que inmortalizó Soda Stéreo al momento de su despedida: «Gracias totales».

 

Por FBPCweb