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Lo ameno y dinámico del intercambio no impidió la profundidad. Es más: la la propició y dejó a muchos con la cabeza abierta, cargada de nuevas ideas. Con toda la sapiencia, la experiencia y el conocimiento a cuestas, Ricardo Bojanich y Jorge Díaz Vélez cautivaron la atención de dirigentes y formadores, en el taller de capacitación que desarrollaron este sábado 4 de junio en la sede de la Federación de Básquetbol de la Provincia de Córdoba.

La dupla de formadores generó un espacio de ida y vuelta, sin acartonamientos, con numerosos ejemplos de sus extensas y ricas trayectorias, pero con notable atención en relación con los contextos en los que se desenvuelven los directivos y los clubes de nuestra provincia.

Este fluido intercambio de experiencias, y la participación de todos los presentes, hizo que el taller de capacitación tuviera una impronta muy particular, bajo el paraguas conceptual de Bojanich y Díaz Vélez, dos de las personas con mejores pergaminos y mayor trayectoria en gestión deportiva, méritos que los hacen reconocidos y respetados en toda América.

Entre los conceptos vertidos, los disertantes pivotearon sobre los siguientes ejes temáticos:

  • Toma de decisiones.
  • Aportes para construir un plan estratégico.
  • Los recursos humanos en una organización: selección, formación, rendimiento, progreso.
  • Cómo logramos el “producto club”.

 

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Más allá de las presentaciones visuales y de los conceptos “duros”, los expositores apelaron a sensaciones de los dirigentes y recogieron experiencias, para brindar opiniones, sugerencias o aportes de caminos alternativos.

Al exponer sobre Recursos Humanos, Díaz Vélez proyectó un curioso video de un experimento social realizado en Alemania. Una persona está viendo una pantalla móvil en un transporte urbano, rodeado por rostros duros: en ese escenario comienza a reírse a carcajadas, cada vez más resonantes, y va contagiando a todo el resto de pasajeros de ese transporte público, que ingresan en otra atmósfera, mucho más distendida, desestructurada y con vínculos espontáneos. Alli, el disertante planteó que las emociones se transmiten y detalló ciertas cuestiones que suceden en el cerebro: las reacciones químicas que pueden producir la dopamina o el cortisol.

Díaz Vélez argumentó que una de las cuestiones esenciales es definir qué tipo de profesores desea una institución. Para ello, detalló algunos procesos de selección que realizó a lo largo de su carrera (con especial atención en lo ocurrido en sus años en Gimnasia de Villa del Parque), valoró distintos procedimientos y entrevistas efectuadas a aspirantes a determinados puestos y dio los argumentos por los cuales tomó cada decisión.

Además, dejó una reflexión interesantísima: “Los entrenadores y los dirigentes estamos de paso. Todos tenemos que luchar para que los clubes y las instituciones existan siempre”.

 

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En algún momento de su exposición, Bojanich detalló que la gestión deportiva tiene como elemento determinante identificar los problemas y contar con al menos dos alternativas de resolución para cada uno de esos obstáculos. Detalló, al mismo tiempo, cómo actuar en algunas situaciones conflictivas y definió algunas pautas de resolución de conflictos. “Si la mochila está cargada de problemas, algún día vas a pegar el portazo”, afirmó. “Hay que alivianar esa mochila”, sugirió.

En consonancia, ambos formadores plantearon algunos atributos que definen las aspiraciones de cualquier institución al momento de sumar un entrenador: por un lado, el conocimiento, aunque éste jamás debe estar despojado o desconectado de los vínculos y las relaciones interpersonales: cómo se relacionan esos profesionales hacia arriba y hacia abajo. Otra cuestión resultó insoslayable, según la visión de los dos disertantes: el profesor, sea de la categoría que fuere, debe ser un ejemplo en todo sentido.

Bojanich también se permitió algunas emociones. En ese contexto destacó los valores humanos y subrayó que no existen palabras para describir cuando un pibe al que un entrenador dirigió durante todas las categorías inferiores llega a ser papá y lleva a su hijo para que ese “profe” inicie nuevamente ese camino del deporte. “Me sigue emocionando que uno de esos pibes que dirigí durante muchos años me traiga a su hijo, que es su mayor tesoro, y me diga: «Hacé todo lo que hiciste conmigo». Es muy fuerte”, planteó.

En el momento del intercambio con jóvenes dirigentes, los expositores detallaron que es importante determinar grupos motores, solidarios y periféricos de padres, porque cada uno de esos grupos puede aportar desde distintas vertientes.

 

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En todo momento, la capacitación recorrió términos comunes: capacidad, rendimiento, conocimiento, habilidad, capacitación y actitud. En tal sentido, se hizo hincapié sobre el plus de valor que otorgan aquellas personas que tienen un alto deseo de realizar determinadas actividades. Para ello, es fundamental crear ambientes de progreso y analizar cómo se siente y cómo percibe que es respetado y valorado cualquier integrante de un club.

Sobre el final, Bojanich y Díaz Vélez desarrollaron algunos conceptos – apoyados por una presentación de imágenes– en relación con la posibilidad de crear el “producto club”. Allí destacaron la necesidad de una coherencia institucional y, al mismo tiempo, de una coherencia horizontal. En ese plano, destacaron que hay una edad clave en la que los deportistas se desarrollan y se forman integralmente en una institución deportiva.

Sin límites férreos, y con cierta flexibilidad, ese período está dado entre los 6 y los 17 años: entre 11 y 12 años de permanencia y crecimiento deportivo y humano en esa institución. Ese período es vital para transmitir valores de todo tipo a los deportistas y, al mismo tiempo, para darle valor a la institución, tanto en los deportistas como en sus familiares y en el entorno en el que se desenvuelve el club.

Por FBPCweb