Tras la firme victoria ante el elenco de San Francisco en la serie final, la institución de barrio General Paz alcanzó un título inédito para su rica historia. A continuación, los por qué de la consagración.

Si hay algo que está claro, es que el lugar más alto del podio está reservado para unos pocos. No son muchos los elencos que pueden coquetear con la vanguardia y algún trofeo para la vitrina. Tal es así, que cada vez que comienza una temporada surgen los mismos interrogantes. ¿Qué se necesita para gritar campeón? ¿Qué hay que hacer? ¿Cuáles son los puntos a alcanzar? A continuación, te contamos todos los ítems que sorteó y acumuló Hindú para quedarse, por primera vez en su historia, con la 16° Liga Cordobesa Crelech Copa MundoD.

-Para empezar el camino cronológicamente, lo primero que hay que mencionar es el clic que realizó el equipo tras la octava jornada de la primera fase. Aquella noche de verano, en la ciudad de Córdoba, recibió un cachetazo justamente a manos de El Tala. A partir de ahí, y luego de un inicio bastante irregular (4-3), alcanzó un seguidilla 12 victorias en 14 presentaciones hasta llegar a la final. Sin dudas, un récord que lo llevó a trepar continuamente escalones en las posiciones hasta llegar a la vanguardia.

-El segundo ítem para no dejar pasar es el aspecto psicológico. Y este punto, sin dudas, hay un nombre propio que se lleva todos los laureles: Marcelo Arrigoni. El entrenador logró, con el correr de las fechas, que sus jugadores se convenzan de que podían lograr lo que se propusieran. Porque lejos de asemejarse a un plantel de transición, el DT consiguió hilvanar a la perfección un grupo formado por piezas sumamente experimentadas y otras tantas en pleno desarrollo. Y con un potencial incalculable.

-Si de características se trata, Hindú fue uno de los pocos que exhibió identidad. Pese a un amanecer dubitativo, el plantel creó una fisonomía de juego que nunca abandonó. Que nació siempre a través de su defensa, asterisco en el que nadie se le asemejó (durante la fase regular permitió 74.6 puntos; en playoffs, 75.2). Que siguió por medio del contragolpe, vía que le liberó caminos insospechables. Y que terminó focalizando, siempre, al más inspirado de la noche (seis jugadores fueron, por lo menos una vez, los máximos anotadores en algún cotejo). Una fórmula que hizo propia y no la abandonó jamás. Ni siquiera en la ruta, donde sonrió más de lo que sufrió (9-3).

-Si bien está claro que los laureles se los lleva el grupo completo, porque sin unión y el compromiso de todos no hubiesen concretado la tan ansiada meta, vale subrayar algunas individualidades. Varios nombres que cargaron el mayor peso y que, tal como indican los números y las estadísticas, resultaron indispensables:

Javier Tuja > El símbolo y bandera del equipo. Con su enorme experiencia, llevó y fue alimentando un grupo capaz de cualquier cosa. Durante la final promedió 14.6 puntos y 5.2 rebotes. “Salir campeón con Hindú sería todo. Si lo logro, puedo pensar tranquilo en un retiro”, aseguró cuando la serie estaba 1-1. ¿El adiós de un histórico?

Gabriel Bútori > Un líder silencioso. Vital en las situaciones más difíciles, como sucedió en la última jugada del tiempo regular (lo igualó para llevarlo a suplementario) y en la prórroga (anotó para desatar los festejos). Su aporte, casi siempre invisible, fue sublime: 11 unidades y 4.8 asistencias por choque en la final.

José Fornaciari > Un emblema al sacrificio, esfuerzo y personalidad. Un luchador hasta consigo mismo. Fiel a su carácter fuerte, expuso todo su temperamento a la hora de robar la ventaja de campo y confirmar la diferencia. ¿Sus números en la llave decisiva? 11 tantos y 2.4 recobres.

Gastón Whelan > Uno de los proyectos más serios del básquet nacional. Sus 13 puntos y 5.6 rebotes de promedio, además del enorme talento, fueron producto de unas cuantas cualidades que lo enmarcan en una figura sin techo: picardía, atrevimiento, audacia, determinación, convicción y, sobre todo, clase.

> Foto: Malena Noves / Prensa FBPC.

Por FBPC